El retorno a Monegros del “Cucaracha”. Collalba con antifaz.

collalba gris

Mientras recorría los parajes entre Perdiguera y Farlete, en Monegros, en el borde de un camino me asaltó esta Collalba Gris (Oenanthe oenanthe) y recordando al “Cucaracha”,  cual bandolero armado con antifaz me robó la atención e hizo detenerme en seco en el camino, tal y como le sucedió a Joaquín Sabina, a cambio de salir ileso y en vez de escribirle una canción, me hizo dedicarle esta entrada del blog sobre el bandolero mas temido y famoso de Monegros, “El Cucaracha”.

El bandolerismo ha existido a lo largo de todas las etapas de la historia, si bien especialmente en el siglo XIX, el descontento de las clases sociales más pobres sirvió de caldo de cultivo para el surgimiento de decenas de partidas de bandoleros.

Dentro de ellas, encontramos a la banda liderada por Mariano Gavín Suñén (1838-1875), apodado “El Cucaracha” y natural de la localidad oscense de Alcubierre. El bandolero, junto a sus compinches, actuó en la comarca de Los Monegros durante la segunda mitad del siglo XIX.

Hijo de Manuel Nicolás Gavín Ariño y de Ignacia Suñén, Mariano Gavín Suñén nace al final de la I Guerra Carlista (1833-1840). Según los historiadores, la situación existente tras la contienda puede verse como una de las causas de la proliferación de bandoleros en toda la geografía española. Al finalizar la guerra, los campos españoles se llenan de combatientes con armas y escasas expectativas de trabajo. En este contexto, ‘echarse al monte’ era para muchos campesinos una forma de vida, así como una posibilidad de acabar con una situación de vasallaje respecto a los terratenientes.

Mariano Gavín Suñén nace en una familia dedicada a las labores del campo, que está al servicio de los potentados de la zona de Alcubierre. Aunque en su juventud ejerció como pastor, Gavín abandona el oficio a los 20 años de edad y, junto a otro compañero, Juan Ardid Jordán, opta por ‘echarse al monte’ y convertirse en bandolero.

Aunque existen diversas teorías sobre las razones de su apodo, entre ellas, su vestimenta oscura, la más arraigada habla de su afición a entonar desde muy pequeño la canción mejicana de “La Cucaracha”.

Entre sus primeras fechorías encontramos la ocurrida en la paridera del conocido como “tío Caprasio”, en la localidad de Alcubierre. Al apretarles el hambre, ambos bandoleros resolvieron robar un cordero del rebaño del pastor y, tras ser sorprendidos, respondieron disparando al tío Caprasio. Al parecer, le causaron una herida en una pierna, que acabó causándole la muerte días después. De igual modo, se cuenta que el Cucaracha y su compinche asaltaron a un niño que, junto a su borrico, se dirigía a la localidad de Castejón de Monegros en busca de sal. En este caso, lo pararon en el camino y le robaron las 80 pesetas que poseía. Al ser reconocidos, lo mataron a garrotazos.

En el año 1864, poco después de haber iniciado su etapa como bandoleros, ambos cruzaron la frontera con el propósito de encontrar un trabajo en Francia. Juan Ardid se quedó en el país vecino y el Cucaracha, tras una semana como albañil, optó por volver a Alcubierre.

A su regreso, comienza a formar su propia banda. La tarea resultó sencilla. La estructura socioeconómica de Los Monegros estaba compuesta por grandes terratenientes, que poseían la titularidad de la tierra, y por una gran masa social empobrecida, que trabajaba en precarias condiciones. A modo de ejemplo, la comida de un jornalero de la época para todo el día estaba normalmente compuesta de medio pan, tocino y, si había suerte, unas olivas y algo de vino. En este clima de descontento social, Mariano Gavín sumó efectivos sin dificultades y llegó a formar una banda de alrededor 50 hombres.

Tal y como expuso el escritor Rafael Andolz, nos ha llegado una imagen distorsionada y adornada de paños calientes del famoso bandido. De hecho, todas las sociedades en las que existe una situación de injusticia social tienden a crear sus héroes y en el caso del bandido Cucaracha, se quiso crear una especie de “Robin Hood monegrino”, si bien la realidad de los hechos nos muestra a un hombre dedicado al robo, al asalto, a la extorsión y al secuestro. Así, a través de la tradición oral, nos han llegado numerosas historias y anécdotas de la trayectoria vital del bandido Cucaracha. En su mayoría, están recogidas en la biografía de Rafael Andolz, que es el texto histórico más completo que existe de Mariano Gavín Suñén.

Hay historias que nos hablan del lado más humano y bondadoso del bandolero. En este caso, se decía que se acercaba hasta los jornaleros y, tras comprobar su situación de miseria, extorsionaba al amo para forzarle a mejorar la situación de los campesinos; por ejemplo, quemándole la paridera. De igual modo, la tradición oral recoge un encuentro con un niño, que se dirigía al molino de Alcubierre, y que fue abordado por el Cucaracha. Mariano Gavín le preguntó al “zagal” si tenía dinero y, ante esta pregunta, el niño le explicó que su madre no le había dado ni una moneda por si se encontraba con el Cucaracha. El bandolero le dio dinero y le pidió que le dijera a su madre que el Cucaracha no robaba a los pobres.

Del mismo modo, nos han llegado historias que nos hablan de su lado más temible y sanguinario. En una ocasión, el bandido Cucaracha y 25 de sus compinches querían quemar el pueblo de Alcubierre y se aliaron con el hijo de Lorenzo Ortín. Sin embargo, la madre de este último se opuso y en represalia la banda del bandolero asesinó a Lorenzo Ortín, degollándolo y rociándolo con petróleo. Igual suerte encontraron una pareja de ancianos al negarse a exigir dinero al terrateniente del lugar.

Una de sus fechorías más sonadas fue el secuestro de Juan Ruata, que era uno de los hombres más adinerados de Alcubierre. En este caso, pidieron un rescate de 11.000 duros y, al parecer, aunque en aquella época era toda una fortuna, lo consiguieron. En relación a ello, se cuenta que el 21 de enero de 1873 encerraron juntas a las personas más pudientes de la localidad de Farlete y pidieron al pueblo un rescate. Sin embargo, los vecinos se sublevaron y reaccionaron persiguiendo al bandido y sus secuaces. En Farlete, se cuenta también otra curiosa historia. En este caso, Mariano Gavín Suñén conocía a un sastre de la zona, que se llamaba Marcelino Berbeder y, agudizando el ingenio, le encargó la confección de una serie de uniformes carlistas. De este modo, entró con ellos a la localidad exigiéndole al alcalde las correspondientes raciones como si fueran miembros del ejército y, al parecer, funcionó.

El bandido Cucaracha se servía de diversos escondites. Normalmente, aprovechaba las cuevas de la sierra de Alcubierre y, al conocer perfectamente el terreno, era muy conocido por su habilidad para escapar de la Guardia Civil.

A partir del año 1874, se estrecha el cerco contra la banda del Cucaracha y empiezan a ser arrestados algunos de sus miembros. En un primer momento, llega a Sariñena el alférez Francisco Bergua y bajo su mando, se inician las primeras investigaciones con el fin de dar caza al bandolero. De forma posterior, Bergua es sustituido por el teniente Francisco Lafuente, que será el que finalmente capture y dé muerte al bandido Cucaracha.

En su biografía del bandido, Rafael Andolz recoge de la tradición oral el relato de la organización y desarrollo de su captura. En concreto, cuenta que en el Ayuntamiento de Lanaja se reunieron las fuerzas vivas del pueblo, es decir, el alcalde, el cura, la Guardia Civil y el boticario. Según Andolz, le preguntaron al boticario si había algún veneno para añadir en el vino y, al obtener una respuesta afirmativa, comenzaron a trazar el plan. En concreto, la banda fue traicionada por un pastor de Lanaja, que reveló el lugar en el que se encontraban. Manolico Maza era un chaval del lugar que solía suministrar el vino a la banda del Cucaracha y, por lo tanto, fue el elegido para llevarles la bebida adulterada por el boticario. Mariano Gavín ni bebía ni comía nada sin que el portador lo probara en primer lugar. Maza bebió un poco y siguiendo las instrucciones del boticario,  vomitó al abandonar el lugar. Al poco tiempo, la Guardia Civil rodeó la paridera en la que descansaba la banda e inició un tiroteo. Según se cuenta, lograron abatir al bandido Cucaracha así como a varios de sus compinches: el Cerrudo, el Herrero de Osso, el Molinero de Belver y el Guarnicionero de Alcolea (Antonio Lampériz, José Berna, Melchor Colomer y José Solanilla, respectivamente). Todo sucedió el 28 de febrero de 1875 en el corral de “La Nica”, en Lanaja. Siguiendo las costumbres de la época, el cuerpo del Cucaracha fue llevado a Sariñena y expuesto para público escarmiento.

Tras su muerte, la banda del Cucaracha continúa llevando a cabo algunos robos si bien la labor de la Guardia Civil se intensifica. Según los documentos históricos existentes, 46 miembros fueron muertos o capturados y, por lo tanto, entre 1875 y 1880 quedó prácticamente erradicado el bandolerismo en Los Monegros.

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